Hoy por la mañana me propuse no escribir nada acerca de la eliminación de México en el mundial de futbol. Debo reconocer lo débil de mi voluntad y heme aquí, dedicándole unas líneas a este deporte que tanto nos apasiona.
Por supuesto, se siente horrible. Durante la tarde de ayer y la mañana de hoy tuve ese sentimiento de haber sido despreciado, de haber sido burlado, derrotado, pisoteado. El mismo sentimiento que ha inundado mi estómago cuando no he sido en amores correspondido. Y no es para menos. Sé que hay voces que no pueden entender la ola de emociones que puede despertar una pelotita. Pero para los que nos apasionamos por la camiseta, sabemos que es mucho más que eso. Sabemos que ese juego propicia una especie de nuevas guerras, de pacíficas batallas en las que una nación puede demostrar su superioridad sobre otra. Aunque no sea cierto.
Holanda le ganó a México. ¿Por qué? Voy a ser simplista en mi apreciación: Los holandeses fueron mejores que nosotros. Fueron mejores en el campo. De no haber sido mejores, México habría avanzado a la siguiente instancia. ¿Por qué? Simplemente porque el juego se trata de meter más goles que tu oponente. ¿Cómo? A como dé lugar. Para lograrlo, los equipos requieren técnica, condición física, manejo de pelota, disparo, jugadas prefabricadas, individualidades, centros, cambios de juego y finalmente, de un poco de teatro.
Ayer, México fue mejor en casi todos los aspectos, excepto en el aspecto de la teatralidad. A falta de argumentos futbolísticos durante más de 75 minutos de juego, los Holandeses supieron recurrir a otra habilidad, a la chispa, a la picardía de la que carecieron los mexicanos. ¿Podemos culpar a los Holandeses? No. Claro que no. Ellos entendieron que el fútbol es mucho más que un deporte, entendieron que ES UN JUEGO. Y jugaron. Los mexicanos, hombre a hombre, fueron mejores futbolistas al menos durante el partido de ayer, pero se olvidaron de que debían jugar. Hicieron un trabajo PERFECTO. Pero no jugaron.
¿A qué voy? A que así es la vida, pero a veces nos la tomamos demasiado en serio. A veces nos quejamos de que quien no estudió una carrera, tiene mejores trabajos y mejores oportunidades que nosotros; que nuestro jefe sólo se lleva bien con los dueños de la empresa, pero que realmente no tiene la capacidad para ejercer el trabajo; que la chica más guapa de la universidad anda con un loser bueno para nada, etc.
Debemos entender algo: La vida también es un juego. Por supuesto, hay reglas inquebrantables que sería muy riesgoso romper. No por pensar que la vida es un juego, vas a exponerte a defraudar personas o a traficar con droga, pues el precio es alto: No sólo te marcarían una tarjeta amarilla, sino que podrían privarte de la libertad durante muchos años. Cometer ciertas faltas en la vida no es permitido, así como en el futbol son muy castigadas cierto tipo de infracciones (como las mordidas de Suárez). Sin embargo, hay ciertas reglas que, si aprendemos a jugar con ellas, podemos sacarles mucho, muchísimo provecho: Invitar una comida o un café, jugar con inocentes hipórboles en nuestro beneficio, arriesgarnos a hablar con el jefe, competir a través de cualquier medio contra nuestros competidores, etc. Hay infinidad de reglas con las que podemos jugar y que serían similares a aventarte un clavado dentro del área, tal como lo hizo Robben o a meter la mano de Dios como Maradona. Un pequeño clavado o una pequeña mano que podrían redituar en un gol a tu favor.
Después de haber dicho todas las groserías que me sabía (y otras que no), ante la derrota de México, entendí, de nuevo, que no sólo el futbol es un juego, también la vida es un juego y a veces hay que aventarnos algún clavado dentro del área, sabiendo que nos podemos raspar, que podemos salir amonestados, pero que gracias a ello, podemos hacer el juego más divertido y... quién sabe, tal vez anotarnos un gol de penal.
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* Cuando escribo este artículo, sólo pienso en realizar picardías, en no tomarnos la vida tan en serio. En ningún momento promuevo la trampa, ni la deslealtad y mucho menos cuando ésta tiene consecuencias legales o perjudica vidas humanas.
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