Hoy por la mañana me propuse no escribir nada acerca de la eliminación de México en el mundial de futbol. Debo reconocer lo débil de mi voluntad y heme aquí, dedicándole unas líneas a este deporte que tanto nos apasiona.
Por supuesto, se siente horrible. Durante la tarde de ayer y la mañana de hoy tuve ese sentimiento de haber sido despreciado, de haber sido burlado, derrotado, pisoteado. El mismo sentimiento que ha inundado mi estómago cuando no he sido en amores correspondido. Y no es para menos. Sé que hay voces que no pueden entender la ola de emociones que puede despertar una pelotita. Pero para los que nos apasionamos por la camiseta, sabemos que es mucho más que eso. Sabemos que ese juego propicia una especie de nuevas guerras, de pacíficas batallas en las que una nación puede demostrar su superioridad sobre otra. Aunque no sea cierto.
Holanda le ganó a México. ¿Por qué? Voy a ser simplista en mi apreciación: Los holandeses fueron mejores que nosotros. Fueron mejores en el campo. De no haber sido mejores, México habría avanzado a la siguiente instancia. ¿Por qué? Simplemente porque el juego se trata de meter más goles que tu oponente. ¿Cómo? A como dé lugar. Para lograrlo, los equipos requieren técnica, condición física, manejo de pelota, disparo, jugadas prefabricadas, individualidades, centros, cambios de juego y finalmente, de un poco de teatro.
Ayer, México fue mejor en casi todos los aspectos, excepto en el aspecto de la teatralidad. A falta de argumentos futbolísticos durante más de 75 minutos de juego, los Holandeses supieron recurrir a otra habilidad, a la chispa, a la picardía de la que carecieron los mexicanos. ¿Podemos culpar a los Holandeses? No. Claro que no. Ellos entendieron que el fútbol es mucho más que un deporte, entendieron que ES UN JUEGO. Y jugaron. Los mexicanos, hombre a hombre, fueron mejores futbolistas al menos durante el partido de ayer, pero se olvidaron de que debían jugar. Hicieron un trabajo PERFECTO. Pero no jugaron.
¿A qué voy? A que así es la vida, pero a veces nos la tomamos demasiado en serio. A veces nos quejamos de que quien no estudió una carrera, tiene mejores trabajos y mejores oportunidades que nosotros; que nuestro jefe sólo se lleva bien con los dueños de la empresa, pero que realmente no tiene la capacidad para ejercer el trabajo; que la chica más guapa de la universidad anda con un loser bueno para nada, etc.
Debemos entender algo: La vida también es un juego. Por supuesto, hay reglas inquebrantables que sería muy riesgoso romper. No por pensar que la vida es un juego, vas a exponerte a defraudar personas o a traficar con droga, pues el precio es alto: No sólo te marcarían una tarjeta amarilla, sino que podrían privarte de la libertad durante muchos años. Cometer ciertas faltas en la vida no es permitido, así como en el futbol son muy castigadas cierto tipo de infracciones (como las mordidas de Suárez). Sin embargo, hay ciertas reglas que, si aprendemos a jugar con ellas, podemos sacarles mucho, muchísimo provecho: Invitar una comida o un café, jugar con inocentes hipórboles en nuestro beneficio, arriesgarnos a hablar con el jefe, competir a través de cualquier medio contra nuestros competidores, etc. Hay infinidad de reglas con las que podemos jugar y que serían similares a aventarte un clavado dentro del área, tal como lo hizo Robben o a meter la mano de Dios como Maradona. Un pequeño clavado o una pequeña mano que podrían redituar en un gol a tu favor.
Después de haber dicho todas las groserías que me sabía (y otras que no), ante la derrota de México, entendí, de nuevo, que no sólo el futbol es un juego, también la vida es un juego y a veces hay que aventarnos algún clavado dentro del área, sabiendo que nos podemos raspar, que podemos salir amonestados, pero que gracias a ello, podemos hacer el juego más divertido y... quién sabe, tal vez anotarnos un gol de penal.
-----
* Cuando escribo este artículo, sólo pienso en realizar picardías, en no tomarnos la vida tan en serio. En ningún momento promuevo la trampa, ni la deslealtad y mucho menos cuando ésta tiene consecuencias legales o perjudica vidas humanas.
Monday, June 30, 2014
Monday, June 16, 2014
El sueño
La luz de mi casa, solía ser la primera encendida. Pero la última apagada.
Durante años confié en el trabajo duro. Había visto trabajar a mis padres arduamente en sus infructíferos negocios. Yo confiaba en el trabajo duro. Finalmente, en la universidad también se trabajaba muy duro. Llegaba a las 7 a.m. para atender mis primeras clases o para tener un momento para hacer un poco de ejercicio en el gimnasio, y me desvelaba haciendo tareas o estudiando para mis exámenes. Tal parecía que el sueño era un lujo, un enemigo a vencer. Sobre todo si además de todo, querías tener una aceptable (aunque pobre) vida social o salir con alguna chica.
Este vicio se prolongó en mí hasta los treintas. He tenido siempre largas jornadas de trabajo y siempre he tenido 2 ó 3 trabajos simultáneos. Sé que muchas personas opinan que es importante delegar, pero hay ciertos momentos en tu carrera que no podrás hacerlo, que tendrás que hacer muchas cosas por ti mismo. Sin embargo, durante muchos años sacrifiqué mi sueño.
¡Terrible error!
Por supuesto, no lo comprendí hasta que comencé a dormir bien. De hecho, aunque había leído muchos artículos acerca de las funciones del sueño, nunca hice caso de ellas. Me encantaba llenar mi agenda de múltiples actividades y diariamente llegaba muy tarde a mi casa. Sólo reponía el sueño (un poco y sólo a veces) durante los fines de semana. Yo me sentía muy productivo, pero debo confesar algo: NO LO ERA.
Cuando comencé a dormir mejor descubrí varias cosas. La primera es que estaba, automáticamente, menos estresado. Por supuesto, como dice Estanislao Bachrach, cierto estrés es de gran utilidad para tu desempeño diario. Pero mucha cantidad de estrés durante largos períodos de tiempo resulta contraproducente. Una de las cosas que noté en mi desempeño (sin tomar en cuenta los daños que elevados niveles de noradrenalina y cortisol durante mucho tiempo causan en tu organismo), es mi dificultad para tomar buenas y rápidas decisiones.
El estrés y el miedo van bastante de la mano. Por alguna razón, a pesar de haberme jactado siempre de tomar decisiones muy rápido, cuando mis niveles de estrés son rebasados, suelo estar más temeroso. Me da miedo la catástrofe. Sin embargo, en este mundo vertiginoso debes pensar rápido y tomar buenas decisiones, a pesar de los riesgos que ellas impliquen. Dormir mejor me hace ver los riesgos en su justo medio para poder tomar mejores decisiones.
De modo que, la próxima vez que hagas una agenda de trabajo, no olvides (antes que cualquier otra cosa), agendar tus 8 horas de sueño. Tal vez 7... Pero no menos.
Durante años confié en el trabajo duro. Había visto trabajar a mis padres arduamente en sus infructíferos negocios. Yo confiaba en el trabajo duro. Finalmente, en la universidad también se trabajaba muy duro. Llegaba a las 7 a.m. para atender mis primeras clases o para tener un momento para hacer un poco de ejercicio en el gimnasio, y me desvelaba haciendo tareas o estudiando para mis exámenes. Tal parecía que el sueño era un lujo, un enemigo a vencer. Sobre todo si además de todo, querías tener una aceptable (aunque pobre) vida social o salir con alguna chica.
Este vicio se prolongó en mí hasta los treintas. He tenido siempre largas jornadas de trabajo y siempre he tenido 2 ó 3 trabajos simultáneos. Sé que muchas personas opinan que es importante delegar, pero hay ciertos momentos en tu carrera que no podrás hacerlo, que tendrás que hacer muchas cosas por ti mismo. Sin embargo, durante muchos años sacrifiqué mi sueño.
¡Terrible error!
Por supuesto, no lo comprendí hasta que comencé a dormir bien. De hecho, aunque había leído muchos artículos acerca de las funciones del sueño, nunca hice caso de ellas. Me encantaba llenar mi agenda de múltiples actividades y diariamente llegaba muy tarde a mi casa. Sólo reponía el sueño (un poco y sólo a veces) durante los fines de semana. Yo me sentía muy productivo, pero debo confesar algo: NO LO ERA.
Cuando comencé a dormir mejor descubrí varias cosas. La primera es que estaba, automáticamente, menos estresado. Por supuesto, como dice Estanislao Bachrach, cierto estrés es de gran utilidad para tu desempeño diario. Pero mucha cantidad de estrés durante largos períodos de tiempo resulta contraproducente. Una de las cosas que noté en mi desempeño (sin tomar en cuenta los daños que elevados niveles de noradrenalina y cortisol durante mucho tiempo causan en tu organismo), es mi dificultad para tomar buenas y rápidas decisiones.
El estrés y el miedo van bastante de la mano. Por alguna razón, a pesar de haberme jactado siempre de tomar decisiones muy rápido, cuando mis niveles de estrés son rebasados, suelo estar más temeroso. Me da miedo la catástrofe. Sin embargo, en este mundo vertiginoso debes pensar rápido y tomar buenas decisiones, a pesar de los riesgos que ellas impliquen. Dormir mejor me hace ver los riesgos en su justo medio para poder tomar mejores decisiones.
De modo que, la próxima vez que hagas una agenda de trabajo, no olvides (antes que cualquier otra cosa), agendar tus 8 horas de sueño. Tal vez 7... Pero no menos.
¿Por qué los jugadores de fútbol ganan tanto dinero?
Habrá diferentes voces. Algunos, estarán de acuerdo y otros dirán que los sueldos de los futbolistas estrella son una de las peores injusticias del mundo. Pensar que un futbolista gana cientos, tal vez miles de veces más que una persona promedio parece injusto.
Pero quiero explicar la razón por la que los jugadores ganan tanto dinero.
No. No es porque jueguen muy bien. Por supuesto, juegan muy bien. Pero el otro día escuchaba a Antonio Rosique decir: Los jugadores brasileños son muy completos, por eso valen lo que valen. Seamos honestos, aunque nadie niega la calidad de los futbolistas brasileños, debe haber algo más, alguna razón por la que los médicos que hacen transplantes de corazón no ganan los millones de dólares que ganan los futbolistas, a pesar de que lo hagan tan bien.
La razón es la siguiente: Los futbolistas y algunos deportistas de otras ramas, ganan mucho dinero porque hacen despertar la pasión de millones de personas. Mientras más personas congregue tu disciplina y seas de los pocos afortunados en ejercerla, con toda seguridad, ganarás mucho dinero. El futbol congrega a mucha gente en todo el mundo y si a eso le añades el poder de los medios de comunicación, tendrás un negocio tan rico y abundante, que te alcanzará para pagar millones de dólares a tus mejores empleados.
¿Justo o injusto? No lo sé. Seguro depende de lo que entiendas por justicia. Es justo en tanto que los negocios son prósperos si haces algo tan bien, que miles de personas están interesadas en seguirte, en conocerte, en comprar boletos para asistir a tus eventos, en aclamarte. Creo que lo injusto sería que, un juego que todo mundo odia y que nadie sigue, pagara tantos millones de dólares, o que una persona que no agrega ningún valor a la sociedad sea tremendamente rica.
Pero si a todos nos gusta, nos emociona, nos hace gritar GOL. Si por este medio se evitan guerras, se desahoga la presión en una sociedad. Si además de todo, le da identidad a una nación y nos une sin importar sexo, raza o religión... Creo que es justo que nuestros ídolos ganen eso.
Y aquí va mi tip de negocios. Tal vez no juegues futbol, ni seas un artista de cine y lo más seguro es que tampoco seas jamás una rockstar. Pero si quieres un día generar más dinero del que jamás hayas soñado, deberás hacer vibrar a las naciones, tal como lo hace mi deporte favorito. Tal como lo hace el juego del hombre. Tal como lo hace el futbol.
Pero quiero explicar la razón por la que los jugadores ganan tanto dinero.
No. No es porque jueguen muy bien. Por supuesto, juegan muy bien. Pero el otro día escuchaba a Antonio Rosique decir: Los jugadores brasileños son muy completos, por eso valen lo que valen. Seamos honestos, aunque nadie niega la calidad de los futbolistas brasileños, debe haber algo más, alguna razón por la que los médicos que hacen transplantes de corazón no ganan los millones de dólares que ganan los futbolistas, a pesar de que lo hagan tan bien.
La razón es la siguiente: Los futbolistas y algunos deportistas de otras ramas, ganan mucho dinero porque hacen despertar la pasión de millones de personas. Mientras más personas congregue tu disciplina y seas de los pocos afortunados en ejercerla, con toda seguridad, ganarás mucho dinero. El futbol congrega a mucha gente en todo el mundo y si a eso le añades el poder de los medios de comunicación, tendrás un negocio tan rico y abundante, que te alcanzará para pagar millones de dólares a tus mejores empleados.
¿Justo o injusto? No lo sé. Seguro depende de lo que entiendas por justicia. Es justo en tanto que los negocios son prósperos si haces algo tan bien, que miles de personas están interesadas en seguirte, en conocerte, en comprar boletos para asistir a tus eventos, en aclamarte. Creo que lo injusto sería que, un juego que todo mundo odia y que nadie sigue, pagara tantos millones de dólares, o que una persona que no agrega ningún valor a la sociedad sea tremendamente rica.
Pero si a todos nos gusta, nos emociona, nos hace gritar GOL. Si por este medio se evitan guerras, se desahoga la presión en una sociedad. Si además de todo, le da identidad a una nación y nos une sin importar sexo, raza o religión... Creo que es justo que nuestros ídolos ganen eso.
Y aquí va mi tip de negocios. Tal vez no juegues futbol, ni seas un artista de cine y lo más seguro es que tampoco seas jamás una rockstar. Pero si quieres un día generar más dinero del que jamás hayas soñado, deberás hacer vibrar a las naciones, tal como lo hace mi deporte favorito. Tal como lo hace el juego del hombre. Tal como lo hace el futbol.
Wednesday, June 11, 2014
Yo brillante
Me apasionan las películas que hablan acerca de gente genial, fantástica. Gente que de la nada crea fortunas, descubre cosas, inventa, compone, convence y crea. Gente común que descubre un don extraordinario digno de ser admirado.
Hace unos años vi la que se convirtió en una de mis películas favoritas: Limitless. Sin límite, protagonizada por Bradley Cooper. El filme trata acerca de la vida de un fracasado que cambió su vida gracias a una poderosa droga que hacía que su cerebro encontrara conexiones ocultas, conexiones que lo hicieran brillante.
Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que esa película cambió mi vida. No porque haya descubierto una droga que mágicamente pudiera potencializar mis capacidades, sino porque surgieron en mí muchas preguntas. ¿Y si en efecto nuestro cerebro fuera más maravilloso de lo que creemos? ¿Si dentro de nosotros existiera una fuente inagotable de creatividad, de capacidad cognitiva, una memoria prodigiosa que nos pudiera hacer capaces de aprenderlo todo, de crearlo todo, de dominarlo todo?
Dentro de mi ilusión por descubrir de lo que en verdad es capaz el ser humano, he descubierto muchas cosas. Más de las que se imaginan. De haber sido un estudiante promedio (un poco nerd, pero promedio al fin), un profesionista mediocre y un empresario fracasado, me convertí en un adulto que consiguió 3 certificaciones internacionales en tiempo récord, un adulto que ganó concursos de oratoria, en un adulto que creó negocios de la nada, se convirtió en escritor y conferencista y de pronto... logró ser una persona notable.
Con esto no quiero decir que ya haya terminado de conquistar mi vida. Me resta mucho camino por recorrer. Dentro de mis planes, además de empresario, quiero ser un exitoso escritor y un atleta. Sin embargo, gracias al sueño que despertó en mí una película logré entender muchas aspectos acerca del mundo y de mi cuerpo... En especial, de mi cerebro.
Por supuesto, cuando estás en búsqueda constante, a veces encuentras respuestas, atajos, pasadizos, caminos de flores y autopistas. Pero la gran mayoría de las veces encuentras más preguntas, laberintos, callejones sin salida, cuartos obscuros y, por qué no decirlo: MUCHAS MENTIRAS.
A veces, sé que esas mentiras que he descubierto son inocentes errores humanos. Errores de concepción del autor. Generalizaciones absurdas de coincidencias. Tomar la parte por el todo. Así, en esta búsqueda, encuentro personas que afirman que el universo crea lo que deseas, por ejemplo. O que el pensamiento positivo es indispensable para el éxito. Otros te recomiendan construir activos para abandonar tu trabajo y muchas otras cosas. Incluso algunos son duros críticos de la eduación tradicional y osan decir que ésta sirve para poco más que nada, que simplemente se creó para mantener esclavizada a la humanidad.
No entraré en grandes discusiones. Sin embargo, como siempre digo en mis conferencias, tengo el defecto de ser cuadrado. Estudié ingniería y los ingenieros tenemos la fama de ser cerrados e inflexibles. Y ¿saben algo? Yo no soy la excepción. Soy cuadrado, inflexible, discutidor y todo lo que afirmes deberás demostrármelo.
De modo que, mientras no exista un dispositivo electrónico que mida la intensidad con la que se lanzan los deseos al universo, no creeré en la ley de la atracción; mientras los grandes y existosos empresarios sigan siendo abrumadoramente paranóicos (síntoma de que se la pasan pensando mucho tiempo en los riegos de perder su patrimonio y por eso contratan empresas de seguridad, guardaespaldas y seguros), no creeré en el pensamiento positivo y el "optimismo"; mientras la educación tradicional y los trabajos tradicionales sigan aportando a la humanidad inventos, salud, descubrimientos, diversión y un sinnúmero de bienes y servicios, no creeré que la escuela sirve para poco y mucho menos que todas las personas deberían trabajar de forma independiente.
Así que ¿de qué voy a hablar en este blog si soy tan escéptico? Pues bien, no voy a caer en el error de los cientos y cientos de escritores que intentan generalizar el éxito y el comportamiento humano. Simplemente, hablaré de lo que a mí me ha funcionado. No más. Hablaré de cómo de la nada he podido construir negocios. Hablaré de cómo pasé de ser un mediocre profesionista a contar con 3 certificaciones en unos meses y de cómo, entendiendo mi cerebro, escribo, trabajo, invierto, creo y me divierto.
Algunos de mis críticos no creerán mi escepticismo porque soy una persona religiosa. Veo venir la ola de críticas llamándome burlonamente "El escéptico católico". Por supuesto, este blog no hablará de religión, ni mucho menos. Bien dice el segundo mandamiento que no uses el nombre de Dios en vano. Encuentro tantos y tantos autores que hablan de Dios y de la voluntad de Dios que a veces me pregunto si ellos no tienen deseos y ambiciones propias. Para hablar de Dios y teología tengo otro par de blogs: http://elmundoquedeseo.blogspot.mx/ y http://cristianismoateo.blogspot.mx. En este blog no hablaré nunca de religión. No porque piense que mi religión es sólo creencia. Muy por el contrario, pienso que mi religión es la auténtica y verdadera manera de encontrar al Dios vivo. Sin embargo, a pesar de que Dios está vivo y es verdadero, tiene una fantástica particularidad: Nos deja libres. Permanece siempre en silencio. Permanece en silencio para darnos crédito, para permitir que nosotros actuemos, que nosotros descubramos, que nosotros inventemos. Eso lo hace grande. De modo que esta es la última vez que menciono la palabra Dios en este blog.
Pues bien, siendo las 12 hras del 11 de junio, considero innaugurado el blog Yo Brillante. En donde te mostraré cómo he logrado transformar mi vida y la de muchas personas gracias a mis múltiples fracasos, a que tuve una novia con anorexia, a que vi una película llamada Sin Límitesy a que entendí cómo funciona mi cerebro y el de las demás personas.
¿Quieres hacer de tu vida, una experiencia extraordinaria?
No estaría nada mal que conocieras cómo funciona tu cerebro, esa herramienta poderosa con la que naciste y que es increíble. Más (MUCHO MÁS) de lo que jamás has imaginado. Y no sólo eso, por si fuera poco, esta herramienta tiene una ventaja por encima de todas las demás: ES GRATIS.
Hace unos años vi la que se convirtió en una de mis películas favoritas: Limitless. Sin límite, protagonizada por Bradley Cooper. El filme trata acerca de la vida de un fracasado que cambió su vida gracias a una poderosa droga que hacía que su cerebro encontrara conexiones ocultas, conexiones que lo hicieran brillante.
Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que esa película cambió mi vida. No porque haya descubierto una droga que mágicamente pudiera potencializar mis capacidades, sino porque surgieron en mí muchas preguntas. ¿Y si en efecto nuestro cerebro fuera más maravilloso de lo que creemos? ¿Si dentro de nosotros existiera una fuente inagotable de creatividad, de capacidad cognitiva, una memoria prodigiosa que nos pudiera hacer capaces de aprenderlo todo, de crearlo todo, de dominarlo todo?
Dentro de mi ilusión por descubrir de lo que en verdad es capaz el ser humano, he descubierto muchas cosas. Más de las que se imaginan. De haber sido un estudiante promedio (un poco nerd, pero promedio al fin), un profesionista mediocre y un empresario fracasado, me convertí en un adulto que consiguió 3 certificaciones internacionales en tiempo récord, un adulto que ganó concursos de oratoria, en un adulto que creó negocios de la nada, se convirtió en escritor y conferencista y de pronto... logró ser una persona notable.
Con esto no quiero decir que ya haya terminado de conquistar mi vida. Me resta mucho camino por recorrer. Dentro de mis planes, además de empresario, quiero ser un exitoso escritor y un atleta. Sin embargo, gracias al sueño que despertó en mí una película logré entender muchas aspectos acerca del mundo y de mi cuerpo... En especial, de mi cerebro.
Por supuesto, cuando estás en búsqueda constante, a veces encuentras respuestas, atajos, pasadizos, caminos de flores y autopistas. Pero la gran mayoría de las veces encuentras más preguntas, laberintos, callejones sin salida, cuartos obscuros y, por qué no decirlo: MUCHAS MENTIRAS.
A veces, sé que esas mentiras que he descubierto son inocentes errores humanos. Errores de concepción del autor. Generalizaciones absurdas de coincidencias. Tomar la parte por el todo. Así, en esta búsqueda, encuentro personas que afirman que el universo crea lo que deseas, por ejemplo. O que el pensamiento positivo es indispensable para el éxito. Otros te recomiendan construir activos para abandonar tu trabajo y muchas otras cosas. Incluso algunos son duros críticos de la eduación tradicional y osan decir que ésta sirve para poco más que nada, que simplemente se creó para mantener esclavizada a la humanidad.
No entraré en grandes discusiones. Sin embargo, como siempre digo en mis conferencias, tengo el defecto de ser cuadrado. Estudié ingniería y los ingenieros tenemos la fama de ser cerrados e inflexibles. Y ¿saben algo? Yo no soy la excepción. Soy cuadrado, inflexible, discutidor y todo lo que afirmes deberás demostrármelo.
De modo que, mientras no exista un dispositivo electrónico que mida la intensidad con la que se lanzan los deseos al universo, no creeré en la ley de la atracción; mientras los grandes y existosos empresarios sigan siendo abrumadoramente paranóicos (síntoma de que se la pasan pensando mucho tiempo en los riegos de perder su patrimonio y por eso contratan empresas de seguridad, guardaespaldas y seguros), no creeré en el pensamiento positivo y el "optimismo"; mientras la educación tradicional y los trabajos tradicionales sigan aportando a la humanidad inventos, salud, descubrimientos, diversión y un sinnúmero de bienes y servicios, no creeré que la escuela sirve para poco y mucho menos que todas las personas deberían trabajar de forma independiente.
Así que ¿de qué voy a hablar en este blog si soy tan escéptico? Pues bien, no voy a caer en el error de los cientos y cientos de escritores que intentan generalizar el éxito y el comportamiento humano. Simplemente, hablaré de lo que a mí me ha funcionado. No más. Hablaré de cómo de la nada he podido construir negocios. Hablaré de cómo pasé de ser un mediocre profesionista a contar con 3 certificaciones en unos meses y de cómo, entendiendo mi cerebro, escribo, trabajo, invierto, creo y me divierto.
Algunos de mis críticos no creerán mi escepticismo porque soy una persona religiosa. Veo venir la ola de críticas llamándome burlonamente "El escéptico católico". Por supuesto, este blog no hablará de religión, ni mucho menos. Bien dice el segundo mandamiento que no uses el nombre de Dios en vano. Encuentro tantos y tantos autores que hablan de Dios y de la voluntad de Dios que a veces me pregunto si ellos no tienen deseos y ambiciones propias. Para hablar de Dios y teología tengo otro par de blogs: http://elmundoquedeseo.blogspot.mx/ y http://cristianismoateo.blogspot.mx. En este blog no hablaré nunca de religión. No porque piense que mi religión es sólo creencia. Muy por el contrario, pienso que mi religión es la auténtica y verdadera manera de encontrar al Dios vivo. Sin embargo, a pesar de que Dios está vivo y es verdadero, tiene una fantástica particularidad: Nos deja libres. Permanece siempre en silencio. Permanece en silencio para darnos crédito, para permitir que nosotros actuemos, que nosotros descubramos, que nosotros inventemos. Eso lo hace grande. De modo que esta es la última vez que menciono la palabra Dios en este blog.
Pues bien, siendo las 12 hras del 11 de junio, considero innaugurado el blog Yo Brillante. En donde te mostraré cómo he logrado transformar mi vida y la de muchas personas gracias a mis múltiples fracasos, a que tuve una novia con anorexia, a que vi una película llamada Sin Límitesy a que entendí cómo funciona mi cerebro y el de las demás personas.
¿Quieres hacer de tu vida, una experiencia extraordinaria?
No estaría nada mal que conocieras cómo funciona tu cerebro, esa herramienta poderosa con la que naciste y que es increíble. Más (MUCHO MÁS) de lo que jamás has imaginado. Y no sólo eso, por si fuera poco, esta herramienta tiene una ventaja por encima de todas las demás: ES GRATIS.
Subscribe to:
Comments (Atom)