Algunos hablan de zonas de comfort. Yo hablo de varas.
No sé si alguna vez viste a Yelena Isinbayeva volar por los aires saltando con garrocha. Verla saltar era realmente impresionante. De hecho, ella impuso récords mundiales y récords olímpicos. Le ganaba a sus rivales por enormes ventajas. Incluso saltaba más alto que muchos hombres. Era un espectáculo observarla envolverse en una cobija y recitar las oraciones que la concentraban para lograr su objetivo. Pero Yelena no sólo era una excelente atleta, sino que además es una mujer hermosa, bella, sexy, femenina. Todos los que la vimos competir, no sólo admirábamos sus dotes deportivas, sino que también nos enamorábamos de ella.
En todos los momentos de nuestra vida, tal como Yelena, debemos saltar varas. Desde niños, nuestra mamá nos pone alguna vara que alcanzar. Por ejemplo, cuando nos suelta de las manos y temblorosos, damos nuestros primeros pasitos. Las mamás le llaman: Un solito. Para un bebé, dar los primeros pasos solo, implica un gran reto. Si nuestra mamá se descuida un poquito o si nos pone demasiado lejos de sus brazos, es probable que las primeras veces caigamos. La fuerza de gravedad hace su chamba y nos caemos y lloramos. Y a nuestra madre se le estremece el corazón.
Sin embargo, una vez que dominamos la técnica de caminar, los niños comienzan a desarrollar otras habilidades. Entonces pueden comenzar a saltar, a correr, a subir escaleras o a girar como remolinos. Las siguientes varas van pintándose en nuestra vida de manera casi natural, cada vez que rompemos nuestro propio récord y la antigua vara nos queda chica.
A menos que el niño tenga algún problema físico, todos los niños logran caminar. A pesar de que la vara fue alta en su momento, después, eso que fue una gran meta, se convirtió en un requisito, en una obligación. La mamá jamás se enorgullecería si su hijo, simplemente porque no quiere, volviera a usar una carriola o volviera a gatear. Una vez que el niño sabe caminar, es su obligación hacerlo siempre y no sólo eso, sino que además debe hacerlo bien, pues si no, caería a cada rato.
Conforme vamos creciendo, debemos ir saltando nuevas varas, pero a veces no sabemos que estas varas existen. Incluso nos conformamos con la última vara que brincamos y pensamos que nuestra vida está resuelta. Nos enorgullecemos de las varas libradas del pasado, pero no nos damos cuenta de que hacerlo, es semejante a enorgullecerte porque sabes caminar. Eso me pasa muy a menudo con la gente a la que conozco. Por ejemplo, excelentes estudiantes, se conforman con haber brincado la vara de un título universitario o un posgrado. Pero no intentan volver a saltar. Consiguen un buen trabajo y piensan, por ejemplo, que las únicas varas que deben brincar siguen siendo las varas al interior de sus trabajos, entonces descuidan otros aspectos de sus vidas. Estancan sus sueños.
Una de las razones por las que me convertí en un conferencista exitoso, fue porque salté una vara. Por supuesto, nadie me dijo que esa vara existía. Yo tuve que inventarla. Aunque desde niño, había sido un orador y declamador exitoso (gracias a que mi madre y mi abuela me habían enseñado a saltar esa vara), en mi familia nadie vivía de dar pláticas y conferencias. Y eso que considero que muchos de mi familia eran (o posiblemente son), mejores oradores que yo. Sin embargo, nadie de ellos quiso saltar esa vara.
Sinceramente, cuando pensé que yo podía dar conferencias, ni siquiera sabía que se podía cobrar por ello. Aún no conocía Toastmasters International y yo tenía, la inocente idea, de que los oradores que hablaban en las ferias empresariales, las expos, las mesas redondas y los coloquios internacionales, lo hacían gratis.
Sin embargo, algo me decía que, si daba un curso de algún tema atractivo, podría cobrar. Ya tenía un tema interesante pues llevaba bastante tiempo estudiando cómo es que las personas aprendemos. De modo que decidí diseñar mi primera conferencia. Sin embargo, la diseñé gratuita ¿Por qué? porque me daba miedo cobrar. De hecho, mi idea fue hacer una conferencia gratuita para después cobrar un curso. Y así lo hice. Durante dos semanas me la pasé invitando amigos y conocidos a que fueran a mi conferencia gratuita. Hice una página de Internet (chafísima, por cierto), para que la gente se inscribiera y conseguí escribir en un boletín en la empresa donde yo trabajaba. Ahí escribí un artículo de interés y convoqué a la conferencia.
Para que funcionara mi idea, tenían que ir muchas personas pues según mis conocimientos de marketing, sabía que a mi curso de paga no se inscribirían todas las personas que asistieran. Renté una sala en el World Trade Center (Bastante cara, por cierto) y tuve un pequeño éxito. Tuve un éxito porque logré saltar la vara de dar una conferencia. Sin embargo, muchas personas habrían considerado mi éxito como un rotundo fracaso porque sólo fueron 8 personas. Si se incribía a mi curso el 10% de las personas que asistieron, me daría cuenta que ni siquiera una persona tomaría mi curso de paga (De hecho fue lo que sucedió). Además, pensando en atraer a la gente, decidí ese día, hacer un concurso para regalar una beca 100%. De modo que nadie se había inscrito para pagar mi curso pero de todos modos tenía que darlo porque había regalado una beca completamente gratis. Menudo apuro.
Algo me decía que había hecho muy mal mi convocatoria. Entonces, antes de dar el curso a la chica que había obtenido la beca, decidí organizar, de nuevo, una conferencia gratuita. Mi idea era tener mucho más alcance y una convocatoria más amplia. Después de muchos esfuerzos, tuve un peor fracaso que el anterior, porque esa vez sólo fueron 2 personas a la conferencia. Además, dos personas que no se mostraron interesados en ir a mi curso.
Mi acierto fue no cancelar ninguno de los dos eventos a pesar de la baja inscripción. Conozco gente que, cuando tiene pocos asistentes, cancela sus eventos. Posiblemente, si yo hubiera cancelado, hoy no habría formado el negocio que formé. Te voy a contar porqué.
Por supuesto, me sentía fatal ante los dos minifracasos. Ya había invertido no sólo tiempo, sino también algo de dinero para comenzarme a hacer una carrera como conferencista y resultaba que, mi poder de convocatoria era prácticamente NULO.
Sin embargo, no me gusta prometer y no cumplir. A veces, cumplir me ha resultado muy doloroso. En una ocasión que quebré, quedé a deber los sueldos de algunas personas, que terminé pagando 5 años después. Pero que pagué. Si a la chica le había ofrecido una beca del 100%, tenía que cumplirlo. Obviamente, no tenía ni ganas, ni liquidez, para invertir mucho dinero en un curso por el cual no iba a ganar un peso. De modo que le hablé claro y le dije que no tenía inscritos y que podía esperarme hasta que tuviera inscritos para hacer válida su beca o que si quería, durante 8 sesiones le daría una hora y media de curso y que la ventaja sería que, contaría con asesoría completamente personalizada. A mí no me costaría más que algunas fotocopias porque el curso se lo daría en la sala de juntas de su trabajo.
Sinceramente, me daba terror que, al plantearle la opción, ella creyera que yo era un verdadero charlatán. Me he encontrado con tanta gente que vende lo que no tiene o que promete lo que no va a cumplir, que cuando le hablé para decirle eso, imaginé que me iba a decir de groserías, a escupir en la cara y a decirme que era un bueno para nada y un mentiroso.
Sin embargo, la suerte te acompaña cuando hablas con verdad (prometí que en este blog no hablaría de Dios y por eso hablo de suerte, aunque realmente sé quién fue el que actuó). Lejos de recibir insultos de Claudia, le pareció increíble la idea y se manifestó súper dispuesta. La verdad es que en esa ocasión eché completamente fuera de mi cabeza las estúpidas teorías de la ley de la atracción. Si la ley de la atracción hubiera sido cierta, entonces Claudia me habría tachado de charlatán, me habría demandado, todos los asistente se hubieran burlado de mí y hoy estaría encerrado en un cuartito viviendo de limosnas. Era en lo único que yo pensaba que me podía suceder después de mis dos fracasos como "conferencista". Sin embargo, cuando Claudia accedió, decidí hacer mi mejor esfuerzo. Hacer lo mejor posible.
Tuve que decir algunas... no mentiras, llamémosle, exageraciones. Exageraciones tales como que llevaba mucho tiempo enseñando las técnicas. No quería mostrar debilidad. Ahora entiendo que las mentiras sobraban. Sé que, aunque hubiera dicho la verdad, que era la primera vez que daba un curso, Claudia habría quedado fascinada con lo que le enseñé.
Fue tal el impacto que causé en Claudia (una sola persona), que durante el primer año que impartí cursos, talleres y conferencias, no había uno solo al que no asistiera un referido de Claudia. Incluso en mi siguiente intento por llenar un auditorio, ella se ofreció para ser mi asistente. Completamente gratis.
Lo que me he dado cuenta de saltar varas es que siempre tienes que saltar una a la vez. Por alguna razón la vida, al menos en mi experiencia, no te permite saltar todas las varas al mismo tiempo. Había ya saltado la vara de dar una conferencia (a 8 personas en el primer intento y a 2 personas en el segundo intento, pero conferencias, al fin). Había saltado la vara de dar un curso (a una persona, pero curso, al fin). Sin embargo, todavía no podía saltar la vara de cobrar por eso que hacía. Muchos escritores sobre el éxito dicen que no tienes que pensar en dinero para tener éxito. En mi caso no fue así. Yo pensaba todo el tiempo en dinero. En el dinero que me faltaba, en el dinero que había perdido por la renta de esas dos salas carísimas en el World Trade Center y en porqué aún no había podido cobrar.
Venía mi tercer intento. Con las pilas repuestas gracias a la respuesta de Claudia, decidí hacer una convocatoria masiva. No sólo invitaría a mis amigos y a mis conocidos. No sólo escribiría en el boletín de mi trabajo. Además, conocería gente nueva y hablaría con viejos amigos para que enviaran un correo electrónico al personal de capacitación de su empresa o a sus empleados para que asistieran a una conferencia gratuita.
Conseguí un auditorio que tenía la empresa que me empleaba. Debo reconocer que hice trampa. El único requisito que me pusieron para poder prestármelo es que todos los invitados debían ser de la empresa. Yo de antemano, sabía que no podía cumplir ese compromiso porque muy probablemente irían muy poquitas personas de la empresa y además había invitado a muchas personas de otras empresas. Sin embargo, les dije que no había problema (aunque crucé mis dedos por la espalda).
De nuevo tenía que saltar una vara. Ya había saltado la vara de dar 2 conferencias pero yo quería saltar la vara de que fuera mucha gente. Si no ¿a quién le vendería? Tenía miedo, de nuevo. Por muchas razones. Primero, tenía miedo de que descubrieran que estaba metiendo gente de otras empresas (por supuesto, me descubrieron y jamás me volvieron a prestar el auditorio). Tenía miedo de que se enojaran conmigo porque cobraría dinero dentro de las instalaciones de la empresa.También tenía miedo de que mis excompañeros de la escuela que fueran (dado que invité por Facebook), pensaran que lo que yo hacía no era valioso. A pesar de que estaba cada vez más cerca de los 30 años, en ese momento no había dado ese salto de madurez en el que entendí que aquéllos que me molestaban en la escuela, no eran necesariamente exitosos. Ya me veía, rodeado de los antiguos bullies, diciendo que lo que yo hacía era una porquería. Tenía miedo de que volvieran a ir sólo 2 personas. Ni siquiera tenía una secretaria que me ayudara, así que le pedí a mi papá que leyera mi Currículum y que me presentara y a 2 amigos (además de Claudia) a que me ayudaran a repartir las hojas y acomodar a la gente. Estaba demasiado nervioso, nervios que calmé un poco, escuchando música para meditar. Sin embargo, todo el camino de mi casa al auditorio fui completamente en silencio, sin hablar. 5 minutos antes de la hora, me encerré en el baño y le pedí a Dios que me ayudara. De nuevo volvería a saltar una vara. Me quedé tanto tiempo en el baño que mi amigo Luis Alonso fue a sacarme diciéndome que llevábamos 15 minutos de retraso y que la gente estaba esperando. Me quité los audífonos, salí del baño, vi a José Ramón Aja (un viejo amigo de la prepa), le hice un guiño y... comencé a hablar.
El resultado fue el siguiente: 84 personas asistieron a la conferencia y 35 se inscribieron a un curso de $750. ¿Saben lo que significó eso para mí? En 4 horas de trabajo, había ganado lo que usualmente ganaba en un mes en la compañía en donde laboraba, teniendo que estar entre 8 y doce horas diarias. No lo podía creer. Salí muy emocionado de mi conferencia, pero mentalmente ACABADO.
Regresé a mi casa y dormí toda la tarde hasta el día siguiente.
¿Por qué había terminado tan agotado? Porque había saltado una nueva vara. Una que no me había impuesto la sociedad, ni mis padres, ni mi jefe, ni la escuela, ni mis amigos (las vara que usualmente solemos brincar). Brinqué una vara que yo mismo diseñé, que yo mismo construí y que yo mismo decidí brincar.
Eso no significa que después de haber brincado esa vara, organizar conferencias haya resultado fácil. De hecho me tardé 3 años en hacer crecer el negocio, pero ya tenía una medida, gracias a la vara que había brincado.
No es que sea ambicioso. Sin embargo, siempre me gusta hacer lo mejor, tener lo mejor, juntarme con lo mejor. Incluso, a pesar de que soy un soltero de casi 33 años (y creo que mi familia piensa que se me está yendo el tren), también quiero casarme con la mejor mujer para mí. Incluso puedes saltar varas cuando hablas de citas. Por alguna razón, muchos hombres y mujeres salen con las personas que no les gustan, que no les convienen, que no los llenan. Por supuesto, yo no he sido la excepción. Pero dado que me gusta lo mejor, por eso no me he comprometido con ninguna de esas relaciones (no porque esas chicas con las que he salido no sean excelentes, sino que creo que no han sido lo mejor para mí). Tal vez algunos piensen que desperdicio mi vida o que es un pensamiento muy "elitista". Pero yo lo veo de otra forma. Cuando te casas con la mejor persona para ti, esa persona que esperaste tanto, aseguras que jamás buscarás eso que deseaste en otros brazos, porque lo tienes en tu casa. Simplemente, no todos están dispuestos a esperar el tiempo suficiente.
También en aspecto del amor y las citas, yo me he inventado mis propias varas. Y de hecho, hasta hace relativamente poco, pensaba que si no era millonario, no podía llegar a conquistar a una mujer que llenara todas mis expectativas: físicas, sociales, emocionales, intelectuales, espirituales. Sin embargo, un día, también salté esa vara. ¿Por qué? porque siempre había salido con chicas (a pesar de tener veintitantos), como si estuviera en la prepa. Llegaba en mi taxi o en mi carrito y la llevaba a los tacos o al cine o al teatro o a una fiesta. Tenía detalles lindos, sí, pero los detalles que puede tener un adolescente con una chica. Esos detalles que son lindos si eres un mocoso, pero que, cuando creces, dejan de serlo (al menos durante el momento del cortejo). Sin embargo, si tu vida va avanzando y aún no te casas, esos detalles que funcionaron en tu adolescencia, pueden convertirse en tus enemigos.
Un día, decidí cambiar de liga. Saltar la vara. Ya no intentaría conquistar a una chica de la misma manera como lo hacía antes, sino que lo haría como un hombre. Cité a una amiga que me gustaba. No es que me gustara muchísimo o que pensara que me iba a casar con ella. Tampoco es que no me gustara. Me gustaba a secas y yo supongo que también a ella le gustaba a secas. Me ilusionaba salir con ella pero a posteriori esa relación nunca funcionó. Sólo funcionó para brincar la vara, cambiar de liga. Procuré que la cita fuera perfecta. Preparé un regalo increíble, renté un auto lujoso con chofer e hice una reservación para ir a cenar a uno de los restaurantes más exclusivos de la ciudad. Me compré un traje y una loción nuevas y fui a cenar con mi amiga.
Me sentí muy bien. En esa cena, mi amiga se veía hermosa. Cenamos riquísimo. Sin embargo, nuestra conversación no era la misma. Ella hablaba de su mundo y yo del mío, pero al parecer no eran compatibles ambos. A pesar de que seguí el manual de la cortesía, entendí que no por "impresionar" a una chica, significa que va a pasar algo... El amor llega con la persona indicada.
Invertí mucha energía en esa cita. Y así como cuando me sentí exhausto la vez del taller, esa noche también terminé exhausto. Nunca había hecho tanto para conquistar a alguien. Tuve que tomar muchas decisiones: escoger un auto, escoger un restaurante, escoger un regalo muy especial (pensando en ella y no en mis gustos) escoger mi ropa y por supuesto, invertir dinero. Pero todo eso sirvió para saltar una vara más alta.
Desde entonces, es mucho más fácil tener citas con chicas. Aunque aún no soy lo exitoso que me gustaría ser, ni lo millonario que quisiera, hoy por hoy, puedo invitar a salir a cualquier mujer sin importar su edad, su nacionalidad, su condición social o su físico, simplemente, porque ahora me comporto como un hombre y no como un niño que quiere salir con una chica. No me espanta tener que juntar dinero para ir al mejor restaurante y sé que puedo hablar de cualquier tema y ser divertido al mismo tiempo. Una vez que saltas la vara, entiendes que todo lo que no hacías antes era simplemente porque tenías una bola de telarañas en tu cabeza, unas voces tenebrosas que te decían que no podías o que se iban a burlar de ti o que ni siquiera valía la pena intentarlo.
No me convertí en un mujeriego, porque no va ni con mi personalidad, ni con mis convicciones religiosas. De hecho todas las citas que tengo son con sumo respeto y esperando encontrar al amor de mi vida.
Eso no significa que todas tus citas tengan que ser en un restaurante lujoso con una limousine y un chofer en la puerta. Eso podría volverlo aburrido al otro extremo. Sin embargo, lo que te quiero decir es que el solo hecho de haber brincado la vara, me ha dado herramientas que puedo ocupar para brincar las varas que me he impuesto, las que he querido... No las que tuve que cumplir porque otros me lo pidieran.
A veces, cuando los expertos del éxito hablan de salir de tu zona de comfort, a mí no me hace clic el término. De hecho, yo salto varas para llegar a zonas de comfort. Las zonas de comfort me gustan y no me gusta moverme de ellas.
Sin embargo, para llegar a las zonas que realmente me gustan y me acomodan (el verdadero comfort), como Yelena Isinbayeba, a veces debo volar por los aires... Lo curioso es que, esas zonas de comfort que me apetecen, están por encima de esas varas.
Por eso, a mí no me gusta enseñarle a la gente que "se mueva" de su zona de comfort, sino por el contrario, que busque en dónde está su verdadera zona de comfort. Y estoy seguro que, para encontrarla, deberás brincar, como Yelena, varas cada vez más altas. A veces (muchas veces) no lograrás saltar la vara que planeabas (o sólo darás pequeños brinquitos en varas a penas un poquito más altas). Que eso no te preocupe. Créeme, si no funciona, al menos te divertirás en el intento y podrás escribir tus burradas en un blog como el mío. Y créeme... Le arrancarás una carcajada a tus lectores.
Brillante
Monday, July 7, 2014
Monday, June 30, 2014
La derrota
Hoy por la mañana me propuse no escribir nada acerca de la eliminación de México en el mundial de futbol. Debo reconocer lo débil de mi voluntad y heme aquí, dedicándole unas líneas a este deporte que tanto nos apasiona.
Por supuesto, se siente horrible. Durante la tarde de ayer y la mañana de hoy tuve ese sentimiento de haber sido despreciado, de haber sido burlado, derrotado, pisoteado. El mismo sentimiento que ha inundado mi estómago cuando no he sido en amores correspondido. Y no es para menos. Sé que hay voces que no pueden entender la ola de emociones que puede despertar una pelotita. Pero para los que nos apasionamos por la camiseta, sabemos que es mucho más que eso. Sabemos que ese juego propicia una especie de nuevas guerras, de pacíficas batallas en las que una nación puede demostrar su superioridad sobre otra. Aunque no sea cierto.
Holanda le ganó a México. ¿Por qué? Voy a ser simplista en mi apreciación: Los holandeses fueron mejores que nosotros. Fueron mejores en el campo. De no haber sido mejores, México habría avanzado a la siguiente instancia. ¿Por qué? Simplemente porque el juego se trata de meter más goles que tu oponente. ¿Cómo? A como dé lugar. Para lograrlo, los equipos requieren técnica, condición física, manejo de pelota, disparo, jugadas prefabricadas, individualidades, centros, cambios de juego y finalmente, de un poco de teatro.
Ayer, México fue mejor en casi todos los aspectos, excepto en el aspecto de la teatralidad. A falta de argumentos futbolísticos durante más de 75 minutos de juego, los Holandeses supieron recurrir a otra habilidad, a la chispa, a la picardía de la que carecieron los mexicanos. ¿Podemos culpar a los Holandeses? No. Claro que no. Ellos entendieron que el fútbol es mucho más que un deporte, entendieron que ES UN JUEGO. Y jugaron. Los mexicanos, hombre a hombre, fueron mejores futbolistas al menos durante el partido de ayer, pero se olvidaron de que debían jugar. Hicieron un trabajo PERFECTO. Pero no jugaron.
¿A qué voy? A que así es la vida, pero a veces nos la tomamos demasiado en serio. A veces nos quejamos de que quien no estudió una carrera, tiene mejores trabajos y mejores oportunidades que nosotros; que nuestro jefe sólo se lleva bien con los dueños de la empresa, pero que realmente no tiene la capacidad para ejercer el trabajo; que la chica más guapa de la universidad anda con un loser bueno para nada, etc.
Debemos entender algo: La vida también es un juego. Por supuesto, hay reglas inquebrantables que sería muy riesgoso romper. No por pensar que la vida es un juego, vas a exponerte a defraudar personas o a traficar con droga, pues el precio es alto: No sólo te marcarían una tarjeta amarilla, sino que podrían privarte de la libertad durante muchos años. Cometer ciertas faltas en la vida no es permitido, así como en el futbol son muy castigadas cierto tipo de infracciones (como las mordidas de Suárez). Sin embargo, hay ciertas reglas que, si aprendemos a jugar con ellas, podemos sacarles mucho, muchísimo provecho: Invitar una comida o un café, jugar con inocentes hipórboles en nuestro beneficio, arriesgarnos a hablar con el jefe, competir a través de cualquier medio contra nuestros competidores, etc. Hay infinidad de reglas con las que podemos jugar y que serían similares a aventarte un clavado dentro del área, tal como lo hizo Robben o a meter la mano de Dios como Maradona. Un pequeño clavado o una pequeña mano que podrían redituar en un gol a tu favor.
Después de haber dicho todas las groserías que me sabía (y otras que no), ante la derrota de México, entendí, de nuevo, que no sólo el futbol es un juego, también la vida es un juego y a veces hay que aventarnos algún clavado dentro del área, sabiendo que nos podemos raspar, que podemos salir amonestados, pero que gracias a ello, podemos hacer el juego más divertido y... quién sabe, tal vez anotarnos un gol de penal.
-----
* Cuando escribo este artículo, sólo pienso en realizar picardías, en no tomarnos la vida tan en serio. En ningún momento promuevo la trampa, ni la deslealtad y mucho menos cuando ésta tiene consecuencias legales o perjudica vidas humanas.
Por supuesto, se siente horrible. Durante la tarde de ayer y la mañana de hoy tuve ese sentimiento de haber sido despreciado, de haber sido burlado, derrotado, pisoteado. El mismo sentimiento que ha inundado mi estómago cuando no he sido en amores correspondido. Y no es para menos. Sé que hay voces que no pueden entender la ola de emociones que puede despertar una pelotita. Pero para los que nos apasionamos por la camiseta, sabemos que es mucho más que eso. Sabemos que ese juego propicia una especie de nuevas guerras, de pacíficas batallas en las que una nación puede demostrar su superioridad sobre otra. Aunque no sea cierto.
Holanda le ganó a México. ¿Por qué? Voy a ser simplista en mi apreciación: Los holandeses fueron mejores que nosotros. Fueron mejores en el campo. De no haber sido mejores, México habría avanzado a la siguiente instancia. ¿Por qué? Simplemente porque el juego se trata de meter más goles que tu oponente. ¿Cómo? A como dé lugar. Para lograrlo, los equipos requieren técnica, condición física, manejo de pelota, disparo, jugadas prefabricadas, individualidades, centros, cambios de juego y finalmente, de un poco de teatro.
Ayer, México fue mejor en casi todos los aspectos, excepto en el aspecto de la teatralidad. A falta de argumentos futbolísticos durante más de 75 minutos de juego, los Holandeses supieron recurrir a otra habilidad, a la chispa, a la picardía de la que carecieron los mexicanos. ¿Podemos culpar a los Holandeses? No. Claro que no. Ellos entendieron que el fútbol es mucho más que un deporte, entendieron que ES UN JUEGO. Y jugaron. Los mexicanos, hombre a hombre, fueron mejores futbolistas al menos durante el partido de ayer, pero se olvidaron de que debían jugar. Hicieron un trabajo PERFECTO. Pero no jugaron.
¿A qué voy? A que así es la vida, pero a veces nos la tomamos demasiado en serio. A veces nos quejamos de que quien no estudió una carrera, tiene mejores trabajos y mejores oportunidades que nosotros; que nuestro jefe sólo se lleva bien con los dueños de la empresa, pero que realmente no tiene la capacidad para ejercer el trabajo; que la chica más guapa de la universidad anda con un loser bueno para nada, etc.
Debemos entender algo: La vida también es un juego. Por supuesto, hay reglas inquebrantables que sería muy riesgoso romper. No por pensar que la vida es un juego, vas a exponerte a defraudar personas o a traficar con droga, pues el precio es alto: No sólo te marcarían una tarjeta amarilla, sino que podrían privarte de la libertad durante muchos años. Cometer ciertas faltas en la vida no es permitido, así como en el futbol son muy castigadas cierto tipo de infracciones (como las mordidas de Suárez). Sin embargo, hay ciertas reglas que, si aprendemos a jugar con ellas, podemos sacarles mucho, muchísimo provecho: Invitar una comida o un café, jugar con inocentes hipórboles en nuestro beneficio, arriesgarnos a hablar con el jefe, competir a través de cualquier medio contra nuestros competidores, etc. Hay infinidad de reglas con las que podemos jugar y que serían similares a aventarte un clavado dentro del área, tal como lo hizo Robben o a meter la mano de Dios como Maradona. Un pequeño clavado o una pequeña mano que podrían redituar en un gol a tu favor.
Después de haber dicho todas las groserías que me sabía (y otras que no), ante la derrota de México, entendí, de nuevo, que no sólo el futbol es un juego, también la vida es un juego y a veces hay que aventarnos algún clavado dentro del área, sabiendo que nos podemos raspar, que podemos salir amonestados, pero que gracias a ello, podemos hacer el juego más divertido y... quién sabe, tal vez anotarnos un gol de penal.
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* Cuando escribo este artículo, sólo pienso en realizar picardías, en no tomarnos la vida tan en serio. En ningún momento promuevo la trampa, ni la deslealtad y mucho menos cuando ésta tiene consecuencias legales o perjudica vidas humanas.
Monday, June 16, 2014
El sueño
La luz de mi casa, solía ser la primera encendida. Pero la última apagada.
Durante años confié en el trabajo duro. Había visto trabajar a mis padres arduamente en sus infructíferos negocios. Yo confiaba en el trabajo duro. Finalmente, en la universidad también se trabajaba muy duro. Llegaba a las 7 a.m. para atender mis primeras clases o para tener un momento para hacer un poco de ejercicio en el gimnasio, y me desvelaba haciendo tareas o estudiando para mis exámenes. Tal parecía que el sueño era un lujo, un enemigo a vencer. Sobre todo si además de todo, querías tener una aceptable (aunque pobre) vida social o salir con alguna chica.
Este vicio se prolongó en mí hasta los treintas. He tenido siempre largas jornadas de trabajo y siempre he tenido 2 ó 3 trabajos simultáneos. Sé que muchas personas opinan que es importante delegar, pero hay ciertos momentos en tu carrera que no podrás hacerlo, que tendrás que hacer muchas cosas por ti mismo. Sin embargo, durante muchos años sacrifiqué mi sueño.
¡Terrible error!
Por supuesto, no lo comprendí hasta que comencé a dormir bien. De hecho, aunque había leído muchos artículos acerca de las funciones del sueño, nunca hice caso de ellas. Me encantaba llenar mi agenda de múltiples actividades y diariamente llegaba muy tarde a mi casa. Sólo reponía el sueño (un poco y sólo a veces) durante los fines de semana. Yo me sentía muy productivo, pero debo confesar algo: NO LO ERA.
Cuando comencé a dormir mejor descubrí varias cosas. La primera es que estaba, automáticamente, menos estresado. Por supuesto, como dice Estanislao Bachrach, cierto estrés es de gran utilidad para tu desempeño diario. Pero mucha cantidad de estrés durante largos períodos de tiempo resulta contraproducente. Una de las cosas que noté en mi desempeño (sin tomar en cuenta los daños que elevados niveles de noradrenalina y cortisol durante mucho tiempo causan en tu organismo), es mi dificultad para tomar buenas y rápidas decisiones.
El estrés y el miedo van bastante de la mano. Por alguna razón, a pesar de haberme jactado siempre de tomar decisiones muy rápido, cuando mis niveles de estrés son rebasados, suelo estar más temeroso. Me da miedo la catástrofe. Sin embargo, en este mundo vertiginoso debes pensar rápido y tomar buenas decisiones, a pesar de los riesgos que ellas impliquen. Dormir mejor me hace ver los riesgos en su justo medio para poder tomar mejores decisiones.
De modo que, la próxima vez que hagas una agenda de trabajo, no olvides (antes que cualquier otra cosa), agendar tus 8 horas de sueño. Tal vez 7... Pero no menos.
Durante años confié en el trabajo duro. Había visto trabajar a mis padres arduamente en sus infructíferos negocios. Yo confiaba en el trabajo duro. Finalmente, en la universidad también se trabajaba muy duro. Llegaba a las 7 a.m. para atender mis primeras clases o para tener un momento para hacer un poco de ejercicio en el gimnasio, y me desvelaba haciendo tareas o estudiando para mis exámenes. Tal parecía que el sueño era un lujo, un enemigo a vencer. Sobre todo si además de todo, querías tener una aceptable (aunque pobre) vida social o salir con alguna chica.
Este vicio se prolongó en mí hasta los treintas. He tenido siempre largas jornadas de trabajo y siempre he tenido 2 ó 3 trabajos simultáneos. Sé que muchas personas opinan que es importante delegar, pero hay ciertos momentos en tu carrera que no podrás hacerlo, que tendrás que hacer muchas cosas por ti mismo. Sin embargo, durante muchos años sacrifiqué mi sueño.
¡Terrible error!
Por supuesto, no lo comprendí hasta que comencé a dormir bien. De hecho, aunque había leído muchos artículos acerca de las funciones del sueño, nunca hice caso de ellas. Me encantaba llenar mi agenda de múltiples actividades y diariamente llegaba muy tarde a mi casa. Sólo reponía el sueño (un poco y sólo a veces) durante los fines de semana. Yo me sentía muy productivo, pero debo confesar algo: NO LO ERA.
Cuando comencé a dormir mejor descubrí varias cosas. La primera es que estaba, automáticamente, menos estresado. Por supuesto, como dice Estanislao Bachrach, cierto estrés es de gran utilidad para tu desempeño diario. Pero mucha cantidad de estrés durante largos períodos de tiempo resulta contraproducente. Una de las cosas que noté en mi desempeño (sin tomar en cuenta los daños que elevados niveles de noradrenalina y cortisol durante mucho tiempo causan en tu organismo), es mi dificultad para tomar buenas y rápidas decisiones.
El estrés y el miedo van bastante de la mano. Por alguna razón, a pesar de haberme jactado siempre de tomar decisiones muy rápido, cuando mis niveles de estrés son rebasados, suelo estar más temeroso. Me da miedo la catástrofe. Sin embargo, en este mundo vertiginoso debes pensar rápido y tomar buenas decisiones, a pesar de los riesgos que ellas impliquen. Dormir mejor me hace ver los riesgos en su justo medio para poder tomar mejores decisiones.
De modo que, la próxima vez que hagas una agenda de trabajo, no olvides (antes que cualquier otra cosa), agendar tus 8 horas de sueño. Tal vez 7... Pero no menos.
¿Por qué los jugadores de fútbol ganan tanto dinero?
Habrá diferentes voces. Algunos, estarán de acuerdo y otros dirán que los sueldos de los futbolistas estrella son una de las peores injusticias del mundo. Pensar que un futbolista gana cientos, tal vez miles de veces más que una persona promedio parece injusto.
Pero quiero explicar la razón por la que los jugadores ganan tanto dinero.
No. No es porque jueguen muy bien. Por supuesto, juegan muy bien. Pero el otro día escuchaba a Antonio Rosique decir: Los jugadores brasileños son muy completos, por eso valen lo que valen. Seamos honestos, aunque nadie niega la calidad de los futbolistas brasileños, debe haber algo más, alguna razón por la que los médicos que hacen transplantes de corazón no ganan los millones de dólares que ganan los futbolistas, a pesar de que lo hagan tan bien.
La razón es la siguiente: Los futbolistas y algunos deportistas de otras ramas, ganan mucho dinero porque hacen despertar la pasión de millones de personas. Mientras más personas congregue tu disciplina y seas de los pocos afortunados en ejercerla, con toda seguridad, ganarás mucho dinero. El futbol congrega a mucha gente en todo el mundo y si a eso le añades el poder de los medios de comunicación, tendrás un negocio tan rico y abundante, que te alcanzará para pagar millones de dólares a tus mejores empleados.
¿Justo o injusto? No lo sé. Seguro depende de lo que entiendas por justicia. Es justo en tanto que los negocios son prósperos si haces algo tan bien, que miles de personas están interesadas en seguirte, en conocerte, en comprar boletos para asistir a tus eventos, en aclamarte. Creo que lo injusto sería que, un juego que todo mundo odia y que nadie sigue, pagara tantos millones de dólares, o que una persona que no agrega ningún valor a la sociedad sea tremendamente rica.
Pero si a todos nos gusta, nos emociona, nos hace gritar GOL. Si por este medio se evitan guerras, se desahoga la presión en una sociedad. Si además de todo, le da identidad a una nación y nos une sin importar sexo, raza o religión... Creo que es justo que nuestros ídolos ganen eso.
Y aquí va mi tip de negocios. Tal vez no juegues futbol, ni seas un artista de cine y lo más seguro es que tampoco seas jamás una rockstar. Pero si quieres un día generar más dinero del que jamás hayas soñado, deberás hacer vibrar a las naciones, tal como lo hace mi deporte favorito. Tal como lo hace el juego del hombre. Tal como lo hace el futbol.
Pero quiero explicar la razón por la que los jugadores ganan tanto dinero.
No. No es porque jueguen muy bien. Por supuesto, juegan muy bien. Pero el otro día escuchaba a Antonio Rosique decir: Los jugadores brasileños son muy completos, por eso valen lo que valen. Seamos honestos, aunque nadie niega la calidad de los futbolistas brasileños, debe haber algo más, alguna razón por la que los médicos que hacen transplantes de corazón no ganan los millones de dólares que ganan los futbolistas, a pesar de que lo hagan tan bien.
La razón es la siguiente: Los futbolistas y algunos deportistas de otras ramas, ganan mucho dinero porque hacen despertar la pasión de millones de personas. Mientras más personas congregue tu disciplina y seas de los pocos afortunados en ejercerla, con toda seguridad, ganarás mucho dinero. El futbol congrega a mucha gente en todo el mundo y si a eso le añades el poder de los medios de comunicación, tendrás un negocio tan rico y abundante, que te alcanzará para pagar millones de dólares a tus mejores empleados.
¿Justo o injusto? No lo sé. Seguro depende de lo que entiendas por justicia. Es justo en tanto que los negocios son prósperos si haces algo tan bien, que miles de personas están interesadas en seguirte, en conocerte, en comprar boletos para asistir a tus eventos, en aclamarte. Creo que lo injusto sería que, un juego que todo mundo odia y que nadie sigue, pagara tantos millones de dólares, o que una persona que no agrega ningún valor a la sociedad sea tremendamente rica.
Pero si a todos nos gusta, nos emociona, nos hace gritar GOL. Si por este medio se evitan guerras, se desahoga la presión en una sociedad. Si además de todo, le da identidad a una nación y nos une sin importar sexo, raza o religión... Creo que es justo que nuestros ídolos ganen eso.
Y aquí va mi tip de negocios. Tal vez no juegues futbol, ni seas un artista de cine y lo más seguro es que tampoco seas jamás una rockstar. Pero si quieres un día generar más dinero del que jamás hayas soñado, deberás hacer vibrar a las naciones, tal como lo hace mi deporte favorito. Tal como lo hace el juego del hombre. Tal como lo hace el futbol.
Wednesday, June 11, 2014
Yo brillante
Me apasionan las películas que hablan acerca de gente genial, fantástica. Gente que de la nada crea fortunas, descubre cosas, inventa, compone, convence y crea. Gente común que descubre un don extraordinario digno de ser admirado.
Hace unos años vi la que se convirtió en una de mis películas favoritas: Limitless. Sin límite, protagonizada por Bradley Cooper. El filme trata acerca de la vida de un fracasado que cambió su vida gracias a una poderosa droga que hacía que su cerebro encontrara conexiones ocultas, conexiones que lo hicieran brillante.
Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que esa película cambió mi vida. No porque haya descubierto una droga que mágicamente pudiera potencializar mis capacidades, sino porque surgieron en mí muchas preguntas. ¿Y si en efecto nuestro cerebro fuera más maravilloso de lo que creemos? ¿Si dentro de nosotros existiera una fuente inagotable de creatividad, de capacidad cognitiva, una memoria prodigiosa que nos pudiera hacer capaces de aprenderlo todo, de crearlo todo, de dominarlo todo?
Dentro de mi ilusión por descubrir de lo que en verdad es capaz el ser humano, he descubierto muchas cosas. Más de las que se imaginan. De haber sido un estudiante promedio (un poco nerd, pero promedio al fin), un profesionista mediocre y un empresario fracasado, me convertí en un adulto que consiguió 3 certificaciones internacionales en tiempo récord, un adulto que ganó concursos de oratoria, en un adulto que creó negocios de la nada, se convirtió en escritor y conferencista y de pronto... logró ser una persona notable.
Con esto no quiero decir que ya haya terminado de conquistar mi vida. Me resta mucho camino por recorrer. Dentro de mis planes, además de empresario, quiero ser un exitoso escritor y un atleta. Sin embargo, gracias al sueño que despertó en mí una película logré entender muchas aspectos acerca del mundo y de mi cuerpo... En especial, de mi cerebro.
Por supuesto, cuando estás en búsqueda constante, a veces encuentras respuestas, atajos, pasadizos, caminos de flores y autopistas. Pero la gran mayoría de las veces encuentras más preguntas, laberintos, callejones sin salida, cuartos obscuros y, por qué no decirlo: MUCHAS MENTIRAS.
A veces, sé que esas mentiras que he descubierto son inocentes errores humanos. Errores de concepción del autor. Generalizaciones absurdas de coincidencias. Tomar la parte por el todo. Así, en esta búsqueda, encuentro personas que afirman que el universo crea lo que deseas, por ejemplo. O que el pensamiento positivo es indispensable para el éxito. Otros te recomiendan construir activos para abandonar tu trabajo y muchas otras cosas. Incluso algunos son duros críticos de la eduación tradicional y osan decir que ésta sirve para poco más que nada, que simplemente se creó para mantener esclavizada a la humanidad.
No entraré en grandes discusiones. Sin embargo, como siempre digo en mis conferencias, tengo el defecto de ser cuadrado. Estudié ingniería y los ingenieros tenemos la fama de ser cerrados e inflexibles. Y ¿saben algo? Yo no soy la excepción. Soy cuadrado, inflexible, discutidor y todo lo que afirmes deberás demostrármelo.
De modo que, mientras no exista un dispositivo electrónico que mida la intensidad con la que se lanzan los deseos al universo, no creeré en la ley de la atracción; mientras los grandes y existosos empresarios sigan siendo abrumadoramente paranóicos (síntoma de que se la pasan pensando mucho tiempo en los riegos de perder su patrimonio y por eso contratan empresas de seguridad, guardaespaldas y seguros), no creeré en el pensamiento positivo y el "optimismo"; mientras la educación tradicional y los trabajos tradicionales sigan aportando a la humanidad inventos, salud, descubrimientos, diversión y un sinnúmero de bienes y servicios, no creeré que la escuela sirve para poco y mucho menos que todas las personas deberían trabajar de forma independiente.
Así que ¿de qué voy a hablar en este blog si soy tan escéptico? Pues bien, no voy a caer en el error de los cientos y cientos de escritores que intentan generalizar el éxito y el comportamiento humano. Simplemente, hablaré de lo que a mí me ha funcionado. No más. Hablaré de cómo de la nada he podido construir negocios. Hablaré de cómo pasé de ser un mediocre profesionista a contar con 3 certificaciones en unos meses y de cómo, entendiendo mi cerebro, escribo, trabajo, invierto, creo y me divierto.
Algunos de mis críticos no creerán mi escepticismo porque soy una persona religiosa. Veo venir la ola de críticas llamándome burlonamente "El escéptico católico". Por supuesto, este blog no hablará de religión, ni mucho menos. Bien dice el segundo mandamiento que no uses el nombre de Dios en vano. Encuentro tantos y tantos autores que hablan de Dios y de la voluntad de Dios que a veces me pregunto si ellos no tienen deseos y ambiciones propias. Para hablar de Dios y teología tengo otro par de blogs: http://elmundoquedeseo.blogspot.mx/ y http://cristianismoateo.blogspot.mx. En este blog no hablaré nunca de religión. No porque piense que mi religión es sólo creencia. Muy por el contrario, pienso que mi religión es la auténtica y verdadera manera de encontrar al Dios vivo. Sin embargo, a pesar de que Dios está vivo y es verdadero, tiene una fantástica particularidad: Nos deja libres. Permanece siempre en silencio. Permanece en silencio para darnos crédito, para permitir que nosotros actuemos, que nosotros descubramos, que nosotros inventemos. Eso lo hace grande. De modo que esta es la última vez que menciono la palabra Dios en este blog.
Pues bien, siendo las 12 hras del 11 de junio, considero innaugurado el blog Yo Brillante. En donde te mostraré cómo he logrado transformar mi vida y la de muchas personas gracias a mis múltiples fracasos, a que tuve una novia con anorexia, a que vi una película llamada Sin Límitesy a que entendí cómo funciona mi cerebro y el de las demás personas.
¿Quieres hacer de tu vida, una experiencia extraordinaria?
No estaría nada mal que conocieras cómo funciona tu cerebro, esa herramienta poderosa con la que naciste y que es increíble. Más (MUCHO MÁS) de lo que jamás has imaginado. Y no sólo eso, por si fuera poco, esta herramienta tiene una ventaja por encima de todas las demás: ES GRATIS.
Hace unos años vi la que se convirtió en una de mis películas favoritas: Limitless. Sin límite, protagonizada por Bradley Cooper. El filme trata acerca de la vida de un fracasado que cambió su vida gracias a una poderosa droga que hacía que su cerebro encontrara conexiones ocultas, conexiones que lo hicieran brillante.
Sin temor a equivocarme, puedo afirmar que esa película cambió mi vida. No porque haya descubierto una droga que mágicamente pudiera potencializar mis capacidades, sino porque surgieron en mí muchas preguntas. ¿Y si en efecto nuestro cerebro fuera más maravilloso de lo que creemos? ¿Si dentro de nosotros existiera una fuente inagotable de creatividad, de capacidad cognitiva, una memoria prodigiosa que nos pudiera hacer capaces de aprenderlo todo, de crearlo todo, de dominarlo todo?
Dentro de mi ilusión por descubrir de lo que en verdad es capaz el ser humano, he descubierto muchas cosas. Más de las que se imaginan. De haber sido un estudiante promedio (un poco nerd, pero promedio al fin), un profesionista mediocre y un empresario fracasado, me convertí en un adulto que consiguió 3 certificaciones internacionales en tiempo récord, un adulto que ganó concursos de oratoria, en un adulto que creó negocios de la nada, se convirtió en escritor y conferencista y de pronto... logró ser una persona notable.
Con esto no quiero decir que ya haya terminado de conquistar mi vida. Me resta mucho camino por recorrer. Dentro de mis planes, además de empresario, quiero ser un exitoso escritor y un atleta. Sin embargo, gracias al sueño que despertó en mí una película logré entender muchas aspectos acerca del mundo y de mi cuerpo... En especial, de mi cerebro.
Por supuesto, cuando estás en búsqueda constante, a veces encuentras respuestas, atajos, pasadizos, caminos de flores y autopistas. Pero la gran mayoría de las veces encuentras más preguntas, laberintos, callejones sin salida, cuartos obscuros y, por qué no decirlo: MUCHAS MENTIRAS.
A veces, sé que esas mentiras que he descubierto son inocentes errores humanos. Errores de concepción del autor. Generalizaciones absurdas de coincidencias. Tomar la parte por el todo. Así, en esta búsqueda, encuentro personas que afirman que el universo crea lo que deseas, por ejemplo. O que el pensamiento positivo es indispensable para el éxito. Otros te recomiendan construir activos para abandonar tu trabajo y muchas otras cosas. Incluso algunos son duros críticos de la eduación tradicional y osan decir que ésta sirve para poco más que nada, que simplemente se creó para mantener esclavizada a la humanidad.
No entraré en grandes discusiones. Sin embargo, como siempre digo en mis conferencias, tengo el defecto de ser cuadrado. Estudié ingniería y los ingenieros tenemos la fama de ser cerrados e inflexibles. Y ¿saben algo? Yo no soy la excepción. Soy cuadrado, inflexible, discutidor y todo lo que afirmes deberás demostrármelo.
De modo que, mientras no exista un dispositivo electrónico que mida la intensidad con la que se lanzan los deseos al universo, no creeré en la ley de la atracción; mientras los grandes y existosos empresarios sigan siendo abrumadoramente paranóicos (síntoma de que se la pasan pensando mucho tiempo en los riegos de perder su patrimonio y por eso contratan empresas de seguridad, guardaespaldas y seguros), no creeré en el pensamiento positivo y el "optimismo"; mientras la educación tradicional y los trabajos tradicionales sigan aportando a la humanidad inventos, salud, descubrimientos, diversión y un sinnúmero de bienes y servicios, no creeré que la escuela sirve para poco y mucho menos que todas las personas deberían trabajar de forma independiente.
Así que ¿de qué voy a hablar en este blog si soy tan escéptico? Pues bien, no voy a caer en el error de los cientos y cientos de escritores que intentan generalizar el éxito y el comportamiento humano. Simplemente, hablaré de lo que a mí me ha funcionado. No más. Hablaré de cómo de la nada he podido construir negocios. Hablaré de cómo pasé de ser un mediocre profesionista a contar con 3 certificaciones en unos meses y de cómo, entendiendo mi cerebro, escribo, trabajo, invierto, creo y me divierto.
Algunos de mis críticos no creerán mi escepticismo porque soy una persona religiosa. Veo venir la ola de críticas llamándome burlonamente "El escéptico católico". Por supuesto, este blog no hablará de religión, ni mucho menos. Bien dice el segundo mandamiento que no uses el nombre de Dios en vano. Encuentro tantos y tantos autores que hablan de Dios y de la voluntad de Dios que a veces me pregunto si ellos no tienen deseos y ambiciones propias. Para hablar de Dios y teología tengo otro par de blogs: http://elmundoquedeseo.blogspot.mx/ y http://cristianismoateo.blogspot.mx. En este blog no hablaré nunca de religión. No porque piense que mi religión es sólo creencia. Muy por el contrario, pienso que mi religión es la auténtica y verdadera manera de encontrar al Dios vivo. Sin embargo, a pesar de que Dios está vivo y es verdadero, tiene una fantástica particularidad: Nos deja libres. Permanece siempre en silencio. Permanece en silencio para darnos crédito, para permitir que nosotros actuemos, que nosotros descubramos, que nosotros inventemos. Eso lo hace grande. De modo que esta es la última vez que menciono la palabra Dios en este blog.
Pues bien, siendo las 12 hras del 11 de junio, considero innaugurado el blog Yo Brillante. En donde te mostraré cómo he logrado transformar mi vida y la de muchas personas gracias a mis múltiples fracasos, a que tuve una novia con anorexia, a que vi una película llamada Sin Límitesy a que entendí cómo funciona mi cerebro y el de las demás personas.
¿Quieres hacer de tu vida, una experiencia extraordinaria?
No estaría nada mal que conocieras cómo funciona tu cerebro, esa herramienta poderosa con la que naciste y que es increíble. Más (MUCHO MÁS) de lo que jamás has imaginado. Y no sólo eso, por si fuera poco, esta herramienta tiene una ventaja por encima de todas las demás: ES GRATIS.
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