Monday, June 16, 2014

El sueño

La luz de mi casa, solía ser la primera encendida. Pero la última apagada.

Durante años confié en el trabajo duro. Había visto trabajar a mis padres arduamente en sus infructíferos negocios. Yo confiaba en el trabajo duro. Finalmente, en la universidad también se trabajaba muy duro. Llegaba a las 7 a.m. para atender mis primeras clases o para tener un momento para hacer un poco de ejercicio en el gimnasio, y me desvelaba haciendo tareas o estudiando para mis exámenes. Tal parecía que el sueño era un lujo, un enemigo a vencer. Sobre todo si además de todo, querías tener una aceptable (aunque pobre) vida social o salir con alguna chica.

Este vicio  se prolongó en mí hasta los treintas. He tenido siempre largas jornadas de trabajo y siempre he tenido 2 ó 3 trabajos simultáneos. Sé que muchas personas opinan que es importante delegar, pero hay ciertos momentos en tu carrera que no podrás hacerlo, que tendrás que hacer muchas cosas por ti mismo. Sin embargo, durante muchos años sacrifiqué mi sueño.

¡Terrible error!

Por supuesto, no lo comprendí hasta que comencé a dormir bien. De hecho, aunque había leído muchos artículos acerca de las funciones del sueño, nunca hice caso de ellas. Me encantaba llenar mi agenda de múltiples actividades y diariamente llegaba muy tarde a mi casa. Sólo reponía el sueño (un poco y sólo a veces) durante los fines de semana. Yo me sentía muy productivo, pero debo confesar algo: NO LO ERA.

Cuando comencé a dormir mejor descubrí varias cosas. La primera es que estaba, automáticamente, menos estresado. Por supuesto, como dice Estanislao Bachrach, cierto estrés es de gran utilidad para tu desempeño diario. Pero mucha cantidad de estrés durante largos períodos de tiempo resulta contraproducente. Una de las cosas que noté en mi desempeño (sin tomar en cuenta los daños que elevados niveles de noradrenalina y cortisol durante mucho tiempo causan en tu organismo), es mi dificultad para tomar buenas y rápidas decisiones.

El estrés y el miedo van bastante de la mano. Por alguna razón, a pesar de haberme jactado siempre de tomar decisiones muy rápido, cuando mis niveles de estrés son rebasados, suelo estar más temeroso. Me da miedo la catástrofe. Sin embargo, en este mundo vertiginoso debes pensar rápido y tomar buenas decisiones, a pesar de los riesgos que ellas impliquen. Dormir mejor me hace ver los riesgos en su justo medio para poder tomar mejores decisiones.

De modo que, la próxima vez que hagas una agenda de trabajo, no olvides (antes que cualquier otra cosa), agendar tus 8 horas de sueño. Tal vez 7... Pero no menos.







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